jueves, 11 de septiembre de 2008

Ejercicio #1

Hola a tod@s:
En el archivo adjunto, podéis encontrar un artículo publicado recientemente en "El Universal" de México en el que se anuncia el establecimiento de clases de música en colonias marginadas. Este experimento socio-cultural tiene como punto de referencia lo que se conoce como el "método Abreu", de Venezuela, y ha sido puesto en práctica también en algunas zonas de Bolivia (véase el documental "Guardians of a Musical Treasure", dirigido por Peter Conrad, 2007).
Nuestro ejercicio consiste en analizar el experimento mexicano en función de los conceptos de cultura (imitación, aprendizaje social, etc.), cerebro y comunidad estudiados a partir de las lecturas de las dos primeras clases. Especialmente importantes para este cometido son los artículos de Goodenough, las ideas de Quartz y Sejnowski y las transiciones evolutivas de Donald.
Las diversas interpretaciones las debatiremos en la clase del día 17 de septiembre.

4 comentarios:

Marcela dijo...

Teniendo en cuenta las lecturas vistas en clase y especialmente la de Goodenough, el experimento tendría los elementos propios de la imitación como transmición de información, veamos:el primer elemento es el reconocimiento de algo como "interesante", en este caso la idea venezolana de dar clases de música a niños y jovenes de escasos recursos. El segundo elemento es reconocer qué es lo interesante de este fenómeno, entonces sería que al dar estas clases, los niños y jovenes tengan la oportunidad de salir adelante y con esto hacer un bien a la sociedad.Como tercer elemento tenemos la reproducción de ese algo, aquí vemos como el gobierno mexicano ha reproducido esa idea venezolana, en busca de un bienestar social. Y por último se busca llegar al exito osea a la repetición o perpetuación de este comportamiento, en este caso lo vemos al leer que el gobierno mexicano pretende extenderlo a varias zonas del país, y con esto formar una orquesta infantil en cada estado del país. Teniendo en cuenta lo anterior mi pregunta es que viavilidad tiene esto a nivel local e individual de acuerdo con los procesos culturales de esos niveles?

Andrea dijo...

Aplicado directamente al hecho de formar una orquesta de niños con el fin de evitar la delincuencia y darles herramientas para salir de la pobreza, se podrían hacer algunas recomendaciones para que la iniciativa tuviera éxito.
Primero. Ya que se trata de una acción impuesta a la comunidad desde una autoridad federal, se tendría que evitar que los niños percibieran más imposiciones. Sería útil que los maestros les dejaran elegir los instrumentos que más llamen su atención dentro de un conjunto disponible para todos. Sin importar que hubiera un grupo totalmente integrado por trompetistas o en el que todos tocaran el tambor, eso sería más útil que obligar a alguno a elegir el violín o el oboe. La música tendría que ser elegida por el grupo. Según Donald, los procesos simbólicos que se desarrollan en el cerebro son altamente dependientes de la cultura, por lo que si llega un profesor de otra comunidad a determiar qué piezas se deben interpretar en lugar de preguntar sus preferencias, provocará rechazo.
Segundo. El mismo autor destaca que el proceso de crear o tocar música está íntimamente ligado con la memoria, una forma de memoria que, en el caso de que no se haya estado en contacto con las reglas de la música, podría resultar difícil de desarrollar. Por lo mismo, habría que intentar relacionar el proceso de aprendizaje con una experiencia placentera, para que los niños no lo eviten. No castigos, no humillaciones en el salón de clases, porque se favorecerían ideas de que la música va ligada con experiencias desagradables.
Tercero. Si la música ayuda al cerebro a intercomunicarse con otros cerebros,debe permitirse a los niños a asociarse en principio con quienes llamen su atención, ya sea por simpatía, ya por curiosidad hacia el instrumento que otros tocan. Con el tiempo, el proceso de aprendizaje les facilitará la relación con el resto del grupo.
Si, como dice Daniel Levitin, existen canciones con letras que fomentan amistad u otras que favorecen el aprendizaje, (entre otros tipos existentes) será útil usarlas para crear un ambiente amigable en el grupo.
Sería conveniente usar canciones familiares, tal vez en principio cantadas, una forma de articulacion musical con la que probablemente habrán estado más en contacto con anterioridad y los ayudaría a pasar después a los instrumentos.
Finalmente, habría que determinar el tiempo de los ensayos según las necesidades del grupo. Intentar obligar a los niños a tomar una clase de dos horas, en principio, podría ser contraproducente. Si se inicia con una hora y se va aumentando conforme el aprendizaje del grupo lo imponga, serán los mismos alumnos quienes hayan determinado el tiempo que dedicarán al grupo y de esta manera habrá poca resistencia a comprometerse a ensayos más largos. Los niños poseen una intuición musical que, para obtener mejores resultados, debería ser tomada en cuenta.
Cabe recordar que el sistema Abreu de Venezuela, usado como modelo, ha mostrado un éxito asombroso, pero existe desde hace 33 años. El programa mexicano debería ser sostenido al menos por cinco años antes de pretender que exhiba resultados similares.
Se puede ver más sobre la influencia de la música en el cerebro en http://www.nytimes.com/2006/12/31/arts/music/31thom.html?ei=5090&en=e04c9b5f921b7b24&ex=1325221200%B6ner=rssuserland

Manuel Sanchez dijo...

La idea de repetición de un modelo tiene distintas concepciones. ¿Es posible replicar este bajo condiciones que aparentemente son similares pero que, con una análisis más profundo, muestra que si existen diferencias importantes? Para ver la forma en que el modelo de orquestas creadas bajo el método Abreu funcionaria en México, hay que ver el contexto en el que este modelo se va a replicar.
Si bien existen características similares en las zonas marginadas de ambos países, en México el aparato oficial que gobernó el país durante siete décadas, manejó la vida cultural del país en un ámbito de élites, alejado de las clases populares, lo cual no permitió que estos modelos fueran instaurados con anterioridad, como sucedió en Venezuela donde lleva 32 años de funcionamiento.
¿Cómo entonces se puede hacer para que este modelo funcione en una sociedad y un sistema donde la implementación de modelos de culturización del pueblo ha fracasado debido al nulo interés oficial y el avasallamiento de formas pseudculturales?
La iniciativa de Abreu en Venezuela, surge como un proyecto personal, un modelo que logro implementar pesar de los obstáculos impuestos dentro de la misma sociedad donde lo hizo funcionar. Creó un “virus” cultural que logró propagarse de manera que este se fijó paulatinamente en la mente de quienes posteriormente formaron parte de las primeras orquestas juveniles. Este primer paso se dio así, instalando esta idea con todo lo que ella implicaba en estos primeros cerebros, para que posteriormente, se diera el proceso de imitación y adaptación por parte de otros grupos. Videntemente en algún punto, el apoyo oficial se hizo patente y la idea se estandarizo como un modelo ya establecido que puede entonces ser imitado por otros grupos.
Sin embargo, la imitación por sí sola no podría instaurar el modelo. En este caso, para que funcionara en México, tendría que partir no de la imitación del modelo como tal, sino de la creación de un virus cultural especifico adaptado al contexto, que pueda instalarse en la mente tanto de aquello que lo harán funcionar como de aquello que formaran parte de las orquestas, jóvenes marginados cuya realidad está muy alejada de este tipo de expresiones musicales. De esta forma, una vez que esta idea haya colonizado al primer grupo y que se hayan obtenido los resultados positivos, entonces se podrá dejar que la imitación por parte de otros grupos pueda darse, sobre todo sabiendo que imitarán un modelo que ya fue exitoso y que ellos como grupos podrán adaptarlo a su contextos particulares. El modelo se debe proyectar para que funcione por sí mismo, y no como una imposición pues afectaría todo el sistema natural de transmisión, pues en este sentido, habría que dejar que un modelo nazca, se desarrolle y madure y en esta etapa, dejar que los otros grupos puedan imitarlo y aprender de él adaptándolo a sus propias necesidades y contextos, lo cual al menos en el caso de México, debería tomar un par de sexenios de políticas culturales consistentes. Considero que no está mal planteado el modelo en cuanto a que son pocos los estados que comenzaran a implementarlo, y que son aquellos donde existe mayor marginación, sin embargo, es necesario que este modelo se deje madurar, si se usa como muchos otros proyectos, con fines partidistas, evidentemente fracasará.

James Restrepo dijo...

Aunque el proyecto de llevar capacitación musical a los niños mexicanos en vulnerabilidad económica y social es una buena iniciativa, hay que tener en cuenta ciertos elementos que se desprenden de las lecturas. La primera es la que tiene que ver con el componente biológico de dicha “transmisión cultural.” Atribuir razones genéticas a este experimento representa una atribución demasiado individualista y simple que ignora los procesos de construcción social bajo los cuales se desarrollan dichos programas. En el método Abreu, por ejemplo, la decisión de adoptar dicho modelo no fue influenciada por un proceso de selección natural, tal y como Richerson ve la evolución cultural. Más bien, se nota un largo proceso que más que de selección, se fue consolidando basándose en la construcción de diferentes estamentos sociales y culturales. La exclusión de lo “beligerante” en este sentido, elimina la posibilidad de contraste, choque, y evolución. Este es tal vez el problema que veo en la teoría de Richerson. Otra manera de verlo es a través de la concepción del poder según Foucault, el cual no reside en un individuo, sino en una determinada red social. Y el otro punto que considero necesario analizar es precisamente éste, el elemento del poder hegemónico. Ver la transmisión cultural como un “virus” o una relación de costo-beneficio para las comunidades es una visión benigna del asunto. El programa Abreu ha podido sostenerse por más de 30 años gracias al apoyo filantrópico no-estatal. Sin embargo, en México, al igual que en el departamento de Antioquia, Colombia, donde este mismo programa ha venido funcionando por cerca de una década, el apoyo estatal es fundamental para su consolidación. No es sólo la iniciativa de poner en funcionamiento el programa, como un “virus,” sino la reconciliación de intereses políticos y privados que tienen el poder de producir ciertos cambios sociales.